La Nevera

(1957-1971, actualmente partidos y entrenamientos de cantera) Dirección: C/ Serrano 129. Capacidad: 200 personas Inauguración: 1957

La Nevera

La cancha más emblemática del Club en la que las categorías de formación del Estudiantes entrenan y disputan sus competiciones y que en los últimos años ha ido sufriendo diversas remodelaciones para adaptarlo a las necesidades del baloncesto actual y de una cantera como la colegial que nunca para de crecer.

A lo largo de la historia “La Nevera” ha sufrido varias remodelaciones. El campo de tierra rodeado de gradas pasó a tener superficie de cemento, a tener tejado, a tener paredes y a tener parqué… y tableros de ajedrez pintados en el graderío.

Llamado en un principio “Campo Nuevo”, se inauguró oficialmente en 1957, casi un decenio después de la fundación del Club, siendo el segundo campo de la Liga Nacional española y primer campo propio oficial del Estu.

Estudiantes comenzó jugando en un campo que estaba detrás de la actual Secretaría del Instituto Ramiro de Maeztu, donde consiguió el primer título de Campeón de Primera B, y desde el que pasó a jugar en los terrenos de fútbol, donde se marcaban las rayas del campo de baloncesto y hasta donde se llevaban unas canastas portátiles, y durante la primera temporada en Liga Nacional se compartía el Frontón Fiesta Alegre con el Real Madrid, el otro participante madrileño en esta competición.

En un principio era un terreno descubierto, pero en 1966 las obligaciones de la competición forzaron una primera remodelación para cubrirlo. Curiosamente el hecho de tener el campo cubierto permitió que se televisará en directo el último partido de la temporada: un Estudiantes – Real Madrid, aderezado por el hecho de que una victoria de los blancos les concedería un nuevo título, aunque una victoria colegial, como finalmente sucedió (77-75, con la famosa canasta de Emilio Segura) daría el título al Joventut de Badalona.

Una vez techado, el Campo Nuevo del Estudiantes fue rebautizado como “La Nevera” son varias las historias que apuntan al tal denominación.

El fallecido Antonio Díaz-Miguel, que antes de convertirse en el más longevo seleccionador español de todos los tiempos había sido una de las joyas del joven Estudiantes relataba: “El aire de la Sierra azota al recinto de forma directa por lo que nunca necesitó aire acondicionado; incluso las malas lenguas aseguran que técnicos del universitario Instituto del Frío venían la Nevera para estudiar su estructura y aprender cómo congelar sin necesidad de utilizar la energía eléctrica”.

Se dice también que el hecho de que el jugador barcelonista Thomas (1966-1967) saliera a jugar con guantes animó a dar el nuevo nombre a la cancha, popularizado por la prensa de la época. No se preocupen, eso sí, porque su techumbre de uralita también actúa como horno crematorio en verano, como pueden atestiguar todos los habituales participantes en el famoso tres para tres organizado por la Demencia como tradicional fiesta de fin de temporada.

Gonzalo Sagi-Vela recordaba las condiciones en las que se entrenaba en aquella época en que Estudiantes jugó en un Campo Nuevo en constante reforma, entre 1957 y 1970: “Entrenábamos dos o tres veces por semana, en unas condiciones adversas, duchándonos con agua fría en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo jugar en La Nevera nos hacía casi inexpugnables en casa, aunque luego al jugar fuera de casa bajaba muchísimo nuestro nivel”.

Parte de la culpa de que La Nevera fuera una fortaleza la tenía aquella suerte de pre-Demencia elegantemente vestida de domingo que era la “claque”. Como sus herederos de los turbantes, eran poetas bordes forjados en el Ramiro que cargaban sus iras especialmente contra los que ya entonces preferían el dinero del eterno rival al cariño estudiantil.