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30.10.2017       Cambiar tamaño de texto
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El único Estu-Olimpija fue el comienzo de la leyenda de Nacho Azofra

Solo hay un precedente en partido oficial entre Movistar Estudiantes y Petrol Olimpija: los octavos de final de Copa Korac de 1988-89. El Estu tenía que remontar, sin Vicente Gil ni David Russell, 26 puntos de desventaja que se trajo de Eslovenia.  Así que subió de la cantera un junior, un tal Ignacio Azofra de la Cuesta. Y empezó la leyenda ante 1500 afortunados que siempre podrán decir "yo ESTUve allí". 

Movistar Estudiantes recibe este martes a otro histórico del baloncesto europeo que no vive sus mejores momentos pero que no pierde la ilusión ni el orgullo: el Petrol Olimpija de Ljubljana. 

Contra los eslovenos jugó el Estu en 1956 su segundo partido internacional (amistoso, eso sí), en un torneo en Monbrison. 

Y en partido oficial hay un único precedente que nos deja una historia maravillosa: la eliminatoria a doble partido de octavos de final de la Copa Korac de 1988-89. 

Una eliminatoria que pintaba muy mal. Se había lesionado David Russell. Así se cuenta en el libro "Club Estudiantes. 60 años de baloncesto".

Mientras se esperaba al refuerzo, hubo que desplazarse a la capital de la entonces república yugoslava de Eslovenia, Ljubljana, para jugar el encuentro de ida de los octavos de final de Copa Korac ante el Smelt Olimpija. Mermado por las bajas, Estudiantes aguantó el tipo en la primera mitad, pero los de Garrido tuvieron que afrontar la segunda parte sin Pinone, eliminado en el minuto 17, lo que provocó el descalabro: 96-70 para el equipo de los geniales Jure Zdovc y Petar Vilfan, que fue además el verdugo colegial".

El sustituito de Russell, Eric White, no podía jugar en Europa. Y encima en el derbi perdido en la Ciudad Deportiva del Real Madrid Club de Fútbol... se lesionó Vicente Gil. 

Pero a veces no hay mal que por bien no venga. 

La ausencia de Gil provocó el debut en ACB de un base todavía en edad júnior, alumno del Ramiro de Maeztu, del que hablaban maravillas en las categorías inferiores del Club: Nacho Azofra. Precisamente, él había sido uno de los autores de una gran hazaña en aquellos días: el torneo júnior de Logroño, en el que Estudiantes se impuso al Real Madrid por 90-84.

Así pues, en los minutos finales de aquel derbi desangelado, con todo ya decidido, el habilidoso director de juego ramireño entró en la cancha de manera un tanto anecdótica. Sin embargo, apenas bastó una semana para que los aficionados se dieran cuenta de que aquel no era uno más de los jóvenes de la cantera a quienes se hacía jugar unos minutillos en el primer equipo para luego pasar desapercibido. No. Aquel no era tal caso.

Y llegamos al único precedente del duelo Estu-Olimpia en Madrid. Un día que pudo haber sido un partido más en un desangelado Palacio de los Deportes, que entonces se usaba en ocasiones especiales en lugar del "Magata" como se pensaba que sería una eliminatoria europea... y... no. No había muchos motivos para creer en la remontada. 

Tres días más tarde de la debacle en cancha madridista aterrizó en Madrid el Smelt Olimpija de Ljubljana, dispuesto a defender a capa y espada sus 26 puntos de ventaja.

Ante tal situación, con las bajas de Russell y Gil, a Estudiantes sólo le quedaba utilizar la táctica kamikaze: presión furibunda desde el primer segundo de partido e intentar conseguir puntos lo más rápido posible. Y así se fueron recortando las diferencias lenta pero inexorablemente.

En la segunda parte se temía que las personales acumuladas por los titulares mermasen la estrategia, pero ahí surgió Azofra para levantar la primera de las muchas ovaciones de gala que recibiría a lo largo de su extensa carrera deportiva.

Con tan solo 19 años, Azofra templó, corrió, dirigió y asistió a sus compañeros, y además aportó 13 puntos para contagiar la más absoluta de las esquizofrenias al millar y medio de aficionados que escasamente poblaban las gradas del Palacio de los Deportes, los cuales pueden considerarse afortunados por asistir al debut de tan destacada prima donna y a una de las victorias más épicas de Estudiantes en toda su historia.

El paroxismo llegó cuando, a falta de cuatro segundos, los de Garrido vencían por 90-65, es decir, el mismo resultado cosechado en la capital eslovena y que mandaba el encuentro a la prórroga. Montes sacó del lateral para Antúnez, a quien enseguida fueron a hacer falta los balcánicos; sin embargo, el base colegial lanzó un balón directo a la zona rival, que atrapó Pinone para dejar una rápida bandeja.

El punto 22 de Pinoso significó el 28 de la ventaja local y, por supuesto, el delirio en las gradas: 92-65 y toda la Demencia cumpliendo una de sus amenazas predilectas: “¡Invasión, invasión!”

Los dementes bajaron a la cancha y sacaron a sus jugadores a hombros, entre ellos a Nacho Azofra. Pocas veces una presentación en sociedad tuvo tantos visos de épica.

... nos encantan los partidos europeos. 

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