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18.01.2008       Cambiar tamaño de texto
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J.R. RAMOS, BILLETE DE IDA Y VUELTA por Jorge Dioni López
La web oficial de la Liga ACB publica un interesante artículo sobre la carrera del ex jugador, ex entrenador y ex directivo de Estudiantes Jose Ramón Ramos, donde habla de su vinculación con el club y el Ramiro, su marcha al Real Madrid, su vuelta a Serrano 127…

Artículo publicado por Jorge Dioni López en la web oficial de la liga ACB. Fotografías del archivo fotográfico del Club Estudiantes.

“Yo es que siempre he sido del Ramiro. Hay muy pocos equipos en el mundo que tengan una cantera con tantos chicos y chicas, porque el Estudiantes fue el primero en tener equipos femeninos”. Como casi todos los buenos frutos del Ramiro, José Ramón Ramos está orgulloso de haber nacido en el Ramiro aunque, como todos o casi todos, también estuvo unos años fuera buscando buenos contratos y títulos. Lo primero lo logró en el Picadero y lo segundo, en el Real Madrid. Sin embargo, muy pocos sacan billete de vuelta. Ramos lo hizo para ayudar a su equipo en un momento difícil y, tras retirarse, siguió en el banquillo, en los despachos y donde hiciera falta

“En el Estudiantes siempre es un momento difícil”, sentencia. José Ramón Ramos subió con sólo 16 años al primer equipo del Estudiantes porque, según las crónicas el equipo, pasaba un momento complicado que lo obliga a tener una economía de guerra. Ramos lo desmitifica: “El Estudiantes siempre pasa por un momento complicado y nunca hay mucho dinero. Yo subí al primer equipo porque fui uno de los primeros en España que practicaba el tiro en suspensión. Además, era un buen reboteador”. El tiro en suspensión se presentó en sociedad en Europa en los Juegos de Roma de la mano de la selección de Estados Unidos, dirigida por Lester Lane, y fue una revolución en un baloncesto donde se lanzaba con los dos pies en el suelo o, como mucho, levantando uno para tirar escorado. Ramos llegó un poco después que Chus Codina y un poco antes que Juan Antonio Martínez Arroyo. Los tres bajitos, dirigidos por Jaime Bolea, un enamorado de la táctica, sacaron al ‘Estu’ de la crisis y consiguieron varias victorias frente al intratable Madrid. Entre ellas, la Copa de San Sebastián de 1963. “El Madrid tenía un dominio abrumador. Nuestra opción era intercambiar canastas porque teníamos muy pocas posibilidades en el rebote. Bolea sacó a los altos de la zona e hicimos un tres para tres, como en los entrenamientos”.


Jose Ramón Ramos, segundo por la derecha agachado, fue integrante de esta plantilla, campeona de Copa en 1963, el primer título nacional de la historia de Estudiantes.

Tras el título, como siempre en el Estu, hubo problemas por ofertas de otros equipos. Para evitar la marcha de Codina, el club optó por ofrecerle el puesto de entrenador/jugador, el único cargo en el que se cobraba. A pesar de la aparición de Aíto, José Luis Sagi-Vela o Vicente Ramos, el hermano pequeño, la temporada resultó muy movida. “Como todas en Estudiantes”, vuelve a desmitificar Ramos. La decisión no logró evitar la marcha de Codina la siguiente temporada. Sagi-Vela, Aíto y los dos hermanos Ramos seguirían su camino fuera del Ramiro. José Ramón optó por el Picadero, donde se reencontró con Codina. “No fue por él. Yo era muy amigo de Miguel Albanell desde que habíamos coincido en unos juegos escolares y me dijo que estaban interesados en mí. Fui a conocer al presidente y a su familia, que me trataron estupendamente y decidí irme al Picadero. Pude haber fichado por el Madrid pero es que en Barcelona me ofrecían 20.000 pesetas al mes y el Madrid, sólo 6.000”. El dueño del Picadero, Joaquín Rodríguez, era un predecesor de los directivos estrella con fichajes sonados y declaraciones altisonantes. La 65-66 fue la temporada que estuvo más cerca de quitar el título a los blancos; quizá le pudo el deseo. El Picadero, que afrontaba la recta final de la Liga con ventaja sobre el Real, al que había derrotado en su cancha por 32 puntos cayó sorprendentemente en Mataró en uno de los partidos más famosos de la Liga Nacional.

Sobre ese partido hay muchos rumores, de sobornos, pactos y traiciones que Justo Conde puso por escrito en su mítico libro “70 años del basket nacional”. José Ramón Ramos explica que el Picadero dio dinero a un directivo del Mataró para que facilitaran la victoria. Éste, cuenta Justo Conde, pidió a cambio que no jugaran los extranjeros del club barcelonés. Cuando el Picadero reaccionó ya era tarde. O casi. “Estábamos empatados y, en la última jugada, Theo Cruz, nuestro portorriqueño, cogió un rebote defensivo pero Soler se la quitó y la metió. Perdimos de dos”. La posterior derrota del Picadero en su visita al Madrid, muy polémica por la actuación arbitral, dio la Liga a los blancos por un punto. Tras el fracaso, el Presi Rodríguez decidía ajustarse el cinturón y Ramos fue uno de los damnificados. “Pude ir al Joventut con Kucharski pero decidí volver a Madrid porque estaba mi familia y mi novia”.

Ramos llegó a un Madrid que ya había ganado dos Copas de Europa, un equipo muy consolidado en el que Pedro Ferrándiz hacía muy pocos cambios. Sainz, Sevillano y Emiliano eran los tres jugadores bajitos, que se decía entonces, el base y los dos aleros, respectivamente. “El secreto de Ferrándiz es que es muy listo y sabe gestionar muy bien los recursos, los económicos, los humanos y los de influencia”. Ferrándiz reconvirtió a Ramos a base como recambio de Sainz y lo convirtió en uno de los jugadores claves del tercer título europeo. “Salí a defender a Chabin, uno de sus mejores jugadores y le saqué tres personales en ataque. Él tiraba mucho en suspensión y yo me ponía debajo para que me arrollara al caer”. La siguiente temporada, cayó otra Copa de Europa ante el Spartak de Brno y sólo una desgraciada última jugada de Aiken privó a los blancos de conseguir su tercera consecutiva en la final de Barcelona ante el TsSKA. El fallo le costó el puesto a Aiken. Ramos sonríe: “nunca se le tuvo mucha simpatía en el club porque era negro. No sé si se pueden decir estas cosas”, añade y sentencia: “yo era amigo de él; de hecho, soy padrino de su hijo”.

En el pecado, llevó la penitencia el Madrid porque le costó mucho volver a encontrar un pívot como Aiken. Su primer sustituto, Bob Whitmore, no llegó a debutar porque fue sorprendido por la brigada de estupefacientes en un piso cercano a la base de Torrejón. Brietelle, Signorille o Muller tampoco cuajaron en la cancha. Ese año, en el que su hermano Vicente llegó desde Estudiantes, tuvo que reconvertirse en alero por la gravísima lesión de Brabender en un partido con la selección. En la siguiente temporada, el Madrid, que veía como el Varese le cerraba las puertas de la Copa de Europa, sufrió para hacer doblete y logró ambos títulos en finales de Liga con arbitrajes polémicos. “Cuando estaba en Estudiantes pensaba que los árbitros nos robaban, cuando estaba en el Picadero, también, y, cuando estuve en el Madrid, lo mismo. Visto con perspectiva, está claro que el Madrid ganaba porque era el mejor pero también porque los árbitros lo respetaban muchísimo”. Los títulos nacionales siguieron cayendo hasta un día nefasto. “En el Madrid se disputaban partidos benéficos entre las secciones. Jugábamos un partido de fútbol y, en una disputa con Marañón, me rompí la rodilla”.


Jose Ramón Ramos, con el dorsal 13, regresó al Estudiantes de Pinedo en la campaña 72-73, donde compartió vestuario con los  hermanos Sagi-Vela, Everett Fopma o Peio Cambronero.

Después de la lesión, volvió al Ramiro donde jugó tres años más bastante mermado. “El primer año lo jugué con los ligamentos rotos. Después de cada partido, me sacaban de la rodilla líquido como para llenar el vaso de una caña de cerveza”. En ese primer año, el último de Nacho Pinedo en el banquillo del Ramiro, Estudiantes jugó la final de Copa ante el Madrid pero Ramos se la perdió por la rodilla. Se operó al año siguiente y, tras la recuperación, volvió en un año difícil (¿cuándo no es un momento difícil en Estudiantes?), en el que, para lograr la permanencia, el club tuvo que echar mano de Juan Martínez Arroyo, retirado el verano anterior. Y, después, la retirada. “Estaba tocado físicamente. Ya no podía saltar por la rodilla y, además, llevaba 16 años en Primera. Ya tenía un taller funcionando que me llevaba mucho tiempo y estaba cansado”. A pesar de todo, hizo un hueco para sacarse el título de entrenador: “estudié con Manel Comas, por ejemplo, y siempre discutimos sobre quién fue el número uno de la promoción. Fui yo”. También hizo un hueco para ser entrenador ayudante del Estu y, cuando fue necesario, se hizo con el banquillo en dos temporadas; cómo no, dos temporadas difíciles. En la segunda, el equipo salvó la categoría por los pelos en una promoción con el Manresa. Pero el tiempo no se podía estirar. Los negocios de Ramos en el mundo del automóvil iban creciendo y el baloncesto necesitaba cada vez más dedicación. Se retiró a los despachos. Primero, como director técnico, en donde destaca el nombre de Fernando Martín como el mayor acierto y, después, como vocal y tesorero, donde recuerda la conversión en sociedad anónima. Y, después, lejos físicamente pero no emocionalmente: “yo es que siempre he sido del Ramiro”, insiste.


Jose Ramón Ramos como entrenador dando instrucciones en un tiempo muerto a Cambronero, Vicente Gil, Gonzalo Sagi-Vela...

José Ramón Ramos Cecilio
Madrid, 2 de febrero de 1943
1,80 Alero

Trayectoria como jugador
Formado en las categorías inferiores de Estudiantes
16 temporadas en Primera División
Estudiantes (59-60 / 64-65)
Picadero (65-66)
Real Madrid (66-67 / 71-72)
Estudiantes (72-73 / 74-75)

Trayectoria posterior
Entrenador de Estudiantes (76-77 / 77-78)
Tras su retirada de los banquillos, ocupó diversos puestos en el organigrama del Estudiantes.

FOTOGRAFÍAS DEL ESTUDIANTES DE LOS AÑOS 60
FOTOGRAFÍAS DEL ESTUDIANTES DE LOS AÑOS 70

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