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21.01.2010       Cambiar tamaño de texto
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Chris Lofton: El secreto de la fe (por D. Barranquero)

Reproducimos este genial artículo de Daniel Barranquero (ACB.com) sobre la trayectoria deportiva y humana del escolta de Asefa Estudiantes Chris Lofton. De imprescindible lectura.

Lofton, cuestión de fe
Lofton, cuestión de fe

AQUELLO QUE LO CAMBIÓ TODO
Maldito día aquel del 22 de marzo de 2007. Parecía tan asequible, tan en su mano... que la derrota ante Ohio State por un sólo punto (84-85) dolió mucho más. Los Volunteers de Tennessee se fueron a vestuarios con 17 de ventaja e incluso alcanzaron la veintena a favor en la segunda mitad, con un Chris Lofton nuevamente épico, autor de 24 puntos y 6 triples para poner contra las cuerdas a su rival.

Sin embargo, Ohio no perdió la fe y con Mike Conley, Greg Oden y Ron Lewis haciendo estragos, remontó con grandeza el encuentro y logró meterse en la finalísima de la South Regional, el último paso antes de la anhelada Final Four de la NCAA. 26776 personas presenciaron desde la grada los lamentos del hoy estudiantil, aún con la miel en la boca tras haberse acercado tanto a su objetivo. Empero, aunque la decepción era máxima, el verdadero mazazo estaba aún por llegar.
 
Horas después de la derrota, le comunican oficialmente al jugador que los resultados de un análisis anti-doping realizado hacía unas semanas, daban valores muy sospechosos. Parecía imposible. Él, ejemplo por entrega y esfuerzo para tantos jóvenes, aquel que hacía por costumbre una segunda ronda de ejercicios en el gimnasio cuando ya no había nadie, el mismo que se definía como un night shooter (“Cada noche, antes de dormir, lanzo 25 triples desde siete posiciones diferentes de la pista”) y que parecía vivir por y para el deporte, estaba en entredicho.
 
La elevada tasa de la hormona hCG sólo podía explicarse con tres supuestos. O se trataba de un embarazo, que evidentemente no era el caso, o bien había usado esteroides… o, lo peor, se trataba de un cáncer. “Llevo ese día grabado en el corazón”, confiesa ahora, incapaz de olvidar esos instantes en los que tanto él como sus padres se venían abajo tras escuchar la noticia en una fría habitación de hotel.
 
Cuatros días después, se confirmó la sospecha. Lofton sufría cáncer testicular. “No sabía cómo reaccionar ni cómo responder. Era como el fin del mundo, no me lo podía creer”, afirmó en un reportaje de ESPN. “En ese momento, ya no te preguntabas cosas sobre tu carrera de baloncesto sino sobre si sencillamente ibas a poder tener una carrera de baloncesto. Era oír cáncer y… “, añadía, un Chris que, tras perder un mero partido de basket, tenía ante sí en ese momento un reto de verdadera trascendencia, ganar la reválida más importante de su vida.
 
EL NIÑO QUE NO DEJABA DE TIRAR
Lofton, en la NCAA
21 años antes, el pequeño Chris venía al mundo en Maysville, una pequeña localidad de unos 9.000 habitantes que saltó a la fama por ser el pueblo de la Miss America 2000 y, especialmente, por ser el lugar donde nació el actor George Clooney. Pero a Lofton no le dio por la interpretación.
 
“El baloncesto era desde muy pequeño, con unos 5 o 6 años, mi deporte favorito. Simplemente jugaba en la ciudad con mis amigos día tras día”. Hizo sus pinitos en el fútbol americano como receptor (“Se me daba bien pero me faltaba físico”), pero la imagen que más perdura de una infancia que define como “feliz” es la de aquella vieja pista de cemento en Flemingsburg, a unos 25 kilómetros de Maysville, donde se desplazaba con su familia y tiraba, tiraba, tiraba… sin cansarse jamás. “Esos aros eran tan duros que me convertí en un tirador mejor, más preciso”.
 
Si Forrest Gump no dejó de correr desde que lo hizo por primera vez a Chris le ocurrió algo similar con los tiros. Un vicio, una pasión, una verdadera droga. “Fui creciendo y continué tirando a todas horas”. Es por ello que acabó perfeccionando un tipo de lanzamiento muy personal, muy estético, muy fiable.
 
Y bien que lo disfrutó Mason County, su equipo de instituto, en el que se convirtió en una leyenda en Kentucky a base de exhibiciones ofensivas. En 2002, llevó a su equipo a la final del estado y convirtió un triple caído del cielo en el último segundo para forzar la prórroga, aunque su equipo acabó cayendo en el tiempo extra. No obstante, fue declarado MVP, mejor tirador y mejor junior, por delante de jugadores como OJ Mayo o Rajon Rondo.
 
Sólo él podía superar un listón tan alto. Y lo logró. Al año siguiente, encadenó cuatro clínics en ataque de forma consecutiva para devolver a su equipo a la final estatal, con 30 puntos decisivos en la ‘semi’. Y en el partido más importante, se desmelenó, consiguiendo un récord histórico de 9 triples y alcanzando los 39 puntos ante Louisville Ballard. Otro MVP a su bolsillo, además de ser nombrado Mr.Basketball en Kentucky.
 
Y, sin embargo, parecía no existir para nadie. Ni las afamadas Kentucky y Louisville, que tenían la opción de seguirle muy de cerca, se habían fijado en él. Se decía por aquel entonces que era demasiado bajo, que podía haber un centenar de baloncestistas de sus características que podían llegar más lejos y que más allá de tiro, no ofrecía nada, por su físico limitado. Sólo Tennessee parecía ir en serio.
 
Un buen día, el padre de Chris se acercó a un ojeador que había en la grada tomando nota de las evoluciones de Chris, y le mandó un mensaje muy directo: “No cogeréis a otro como a mi hijo. Es especial”. La frase calaría hondo porque semanas después, pese a un interés demasiado tardío de Cincinnati, Lofton era recrutado por la Universidad de Tennessee. Juntos comenzarían cuatro años de idilio y crecimiento.
 
Lofton, en portada de "Sports Illustrated"
DE DON NADIE A SENSACIÓN EN LA NCAA
 “Llegar a la NCAA suponía para mí cumplir el sueño que tenía desde que tiraba a canasta día tras día cuando era pequeño. Es lo que apasionaba desde siempre. Y lo conseguí”, cuenta el norteamericano, cuyo debut no pudo ser más desafortunado. Ante Temple, no tuvo su día y se quedó con un 0/5 en triples, algo que sólo le ocurriría seis veces en los 127 partidos siguientes. Puro espejismo.
 
Aquel chico de juego plano y previsible para los aficionados más críticos, se reveló como un buen pasador, con excelente capacidad para el robo, una incipiente forteleza en su físico por su trabajo en el gimnasio y un tiro más envidiable. Delicioso. El mayor amante del triple de toda la NCAA llegó a confesar con sorna en una ocasión que, si en la liga abolían el arco de larga distancia, se retiraba y se mudaba a St. Louis en señal de protesta.
 
A base de encestes de tres puntos, pero también de muchos minutos en la cancha y un óptimo rendimiento a pesar de ser debutante, Lofton se convirtió en uno de los jugadores revelación del equipo y del estado -en el quinteto freshman de la Conferencia Sureste-, con 13,2 puntos de media aquel año, que elevó hasta los 17,2 en la 2005-06, con aún mejores porcentajes. En esa campaña, además de ser elegido en el quinteto ideal de conferencia, anotó la canasta más recordada de su carrera, un triple imposible en el último segundo ante Winthrop que dio el pase a su equipo hasta cuartos de conferencia, donde fue eliminado por Wichita, a pesar de 20 puntos con su sello.
 
No obstante, lo mejor estaba por llegar. Temporada 2006-07. Como junior, promedió 20,8 puntos de media, con un 47,9% en triples. Era su consagración definitiva. Todo parecía soplar de cara para Chris Lofton. Un triple ganador en la cara de Kevin Durant que dio la vuelta al país, rumores de equipos NBA interesados por él en el inminente draft, portadas en el Sports Illustrated, nuevamente en el quinteto ideal de conferencia, además de ser nombrado por Associated Press MVP de la Conferencia Sureste y entrar en el el segundo mejor 5 de todo el país para los medios. Para colmo, su camiseta estaba agotada en todo el estado de Kentucky, la lluvia de elogios no cesaba y se habían conseguido los mejores resultados en los tiempos recientes para Tennessee, resucitados por la magia de un tirador mortífero.

 
EL PARÓN MÁS INESPERADO
Hasta que llegó ese condenado 22 de marzo. La eliminación en el Sweet 16 quedó en anécdota comparada con la noticia de horas más tardes, confirmada cuatro días más tarde, en la víspera de su vigésimo primer cumpleaños. Había que intervenir y había que hacerlo ya.
 
El 26 de marzo de 2007, Chris Lofton es operado en el hospital de Knoxville de madrugada, y casi de forma clandestina, para que le extirparan su tumor cancerígeno testicular. Lo hizo con toda la discreción del mundo, sin que la noticia saltase a los medios y con la esperanza de poder volver cuanto antes, como si nada hubiera pasado. Después de la intervención, el estadounidense tuvo que permanecer tumbado aún una decena de días más y, tras el alta, los dolores no remitieron.
 
“Nunca he pasado tanto dolor. Durante el mes siguiente, lo único que podía hacer era tumbarme y ver películas”, comentaría más tarde, poniéndole voz a todos los que han tenido que luchar o luchan en estos momentos contra un cáncer. La quimioterapía fue terrible. Náuseas, insomnio, lloros nocturnos, llamadas interminables con sus padres, que le consolaban por el teléfono y hasta le recitaban pasajes de la Biblia para ayudarle a que mantuviese sus fuerzas. Era una cuestión de fe.
 
Después de conocer el cielo siendo de la noche a la mañana un héroe nacional y uno de los jugadores más seguidos de todo Estados Unidos, a experimentar en primera persona las llamas del infierno más inesperado, inoportuno y cruel. Pero no tiró la toalla. Por fortuna, el enemigo en cuestión era un seminoma, que no crece tan rápido y que es más sensible a la radiación. La batalla estaba servida.

VOLVER A EMPEZAR
La citada batalla, vital como ella sola, se ganó en tiempo récord con la ayuda de muy pocos. El escolta decidió mantener su cáncer en secreto. Finalmente, no se presentó al draft de 2007, aunque se le augurase semanas antes ser elegido al final de la primera ronda o principio de la segunda. Empero, a Chris aún le quedaron ganas para, repleto de dolores musculares, sin fuerzas y con siete kilogramos menos que en su primera campaña en el instituto, presentarse a los trials de la Selección de EEUU, con vistas a los Juegos Panamericanos. “Fue una decisión buena para mí, estaba realmente feliz cuando me dijeron que lo había superado, me sentí bien y lo hice, no me puedo arrepentir ahora”, comenta Lofton, que totalmente lastrado por lo que había vivido, no pudo rendir en esas pruebas al nivel esperado.
 
Antes de eso, barajó junto a su entrenador Bruce Pearl la posibilidad de pasar un año en el dique seco, aunque finalmente apostó por jugar. Como si el cáncer no hubiera existido. Eso sí, él ponía las reglas. Sólo sus padres, el técnico, un compañero de equipo y, lógicamente, el equipo médico que le operó, conocían su situación. “Para mí eso era una carga, la más dura de mi vida. Me resultó muy difícil poder mantener el secreto”.
 
Lofton sostenía que hablar de su situación podría generar un efecto negativo en el equipo. “A veces me apetecía contarlo pero no podía. Sabía que si lo decía todo al final de temporada, sería mucho mejor”. Sin embargo, sin que nadie más supiera nada acerca de sus meses de tormento, la última temporada en la NCAA no fue tan brillante como las anteriores.
 
El hoy miembro del Asefa Estudiantes cortó de raíz su progresión meteórica y empezó a promediar menos puntos que en la prolífica campaña anterior. Tiraba menos y peor. Su técnico le excusaba afirmando que en esa campaña hacía más cosas aparte de lanzar, mas ya se oían voces críticas y la NBA parecía alejarse. Parecía imposible recuperar su mejor basket. Sin embargo, en la mitad del curso baloncestístico, Bruce le pidió a Chris que recuperase la confianza en su tiro y el escolta fue a más, alcanzando una más que respetable media de 15,5 puntos por partido –máximo anotador del equipo- en una temporada en la que Louisville de Pitino puso punto y final, otra vez en el Sweet 16, al sueño universitario de Lofton, que se despidió con 15 puntos de la NCAA.
 
CUATRO AÑOS DE LEYENDA
Lofton es una leyenda en Tennessee
Aún sin haber ofrecido el nivel que encandiló a todo un país el año anterior, Chris había sido capaz de ganarle la partida a un cáncer y salir por la puerta grande de Tennessee, donde hoy es leyenda. De propina el último año, una nominación en el tercer mejor quinteto nacional y en el quinteto ideal de conferencia y el haber superado el récord anotador de triples de Allan Houston.
 
Y es que si algo caracterizó a Lofton en su mágica etapa de la NCAA es su facilidad para el triple. De todos los colores, hasta llegar a los 431, una marca para entrar directamente en la historia. Tercer máximo cañonero en la historia de la NCAA, máximo en el Sureste y considerado uno de los especialistas más excelsos vistos jamás en la liga universitaria. “Uf, eso es un gran cumplido, agradezco mucho a la gente que lo piensa. Fueron unos años fantásticos y tuve muchas menciones durante mi época universitaria, ¿pero cómo no la voy a recordar con felicidad”?
 
En mayo, catorce meses después de aquel día que cambió su vida, confesó por fin su enfermedad en una extensa entrevista concedida a la ESPN, reconociendo haber llorado el año anterior más que en toda su vida entera y provocando las muestras de ánimo y apoyo de aficionados y profesionales de todo el país, que valoraron su ejemplar actitud y capacidad de lucha en la situación límite.
 
“Le doy las gracias a Dios por poder descubrir el cáncer tan pronto, fue un milagro”, nos confiesa años después, poniendo punto y final al relato un tema con el que no se siente cómodo en la conversación. Pasemos página. Al fin y al cabo, el resultado permanece inalterable al final de cada partido y en este encuentro, por suerte, Lofton le dio un repaso al maldito cáncer.
 
A EUROPA EN BUSCA DE RÉCORDS
Después de su exitoso paso por la NCAA pero aún con los ecos de lo que le había ocurrido, su nombre no sonó en el draft de la NBA 2008. El escolta
Lofton, en Turquía
estaba dispuesto a cumplir su sueño americano y probó fortuna en la liga de verano con los Denver Nuggets, aunque cuando oyó cantos de sirena del viejo continente, se dejó seducir por la oferta del Mersin Büyükşehir Belediyesi turco. “Era lo mejor, una puerta abierta para mí. Consideré que Mersin podía ser una gran oportunidad para mostrar mi baloncesto. Además, pusieron mucho interés para que firmase por ellos y acepté”.
 
Su adaptación a Europa fue instantánea, convirtiéndose en la referencia anotadora de su equipo con una media que superaba la barrera de los 20 puntos y unos días de una maravillosa locura en ataque, como el día en el que llegó a los 42 puntos tras anotar… ¡13 triples!
 
Los periódicos turcos barajaban incluso su nombre como futurible para la Selección, ya que la nacionalización era una posibilidad para obtener pasaporte comunitario y reforzar notablemente al equipo nacional. Aunque la jornada más grande para Lofton en Turquía y en toda su carrera profesional, fue el 25 de abril de 2009. Aquel, el TED Koleji sufrió la inspiración del norteamericano, que jugó un encuentro de ciencia ficción en la victoria por 116-70 del Mersin BB. Ni más ni menos, que 61 puntos sumó el escolta, merced a una monstruosa serie en el triple de caràcter ojoplático: 17/22. Repetimos, por si no quedó claro...
 
¡17 de 22!
 
“Fue increíble ese partido, sí. Tenía el día inspirado, simplemente estaba on-fire y me entró todo”, recuerda Lofton, sereno y con toda la tranquilidad del mundo, como si fuese lo más habitual del mundo realizar una exhibición como aquella.
 
ATERRIZANDO EN LA ACB
Su descomunal actuación le hizo un nombre de inmediato en el panorama europeo y, en verano, muchos equipos disputaron su fichaje, varios de ellos de la ACB. Del mismo modo, ayudó su buen nivel en la liga de verano de Orlando, en la que se convirtió, jugando con los Celtics –curiosamente en el equipo de un Coby Karl que pasó por lo mismo que él-, en el máximo triplista. Aunque no fue hasta octubre cuando dio a conocer su destino, Vitoria, con un Caja Laboral en el que sólo pudo jugar 27 minutos, entre dos encuentros de ACB y uno de Euroliga.
 
No obstante, Lofton valora muy positivamente su corta etapa como baskonista. “Es una organización excelente y sigo pensando que fue un gran paso porque significó llegar a la liga más dura donde he jugado nunca. No me arrepiento”.
 
Pese a salir de Vitoria por la puerta de atrás, el de Maysville cerró 2009 con un gran sabor de boca. En diciembre, le dieron su nombre a una sala de scouting de la Universidad de Tennessee, que baraja retirar su camiseta. Y, en la última semana del año, se confirmó su fichaje por el Asefa Estudiantes, con el que debutó con victoria en el derbi ante el Real Madrid.
 
Lofton estuvo letal contra Power Valencia (foto: J. Pelegrín)
Llegar y besar el santo. Es la mejor forma de definir las últimas semanas de Chris, un auténtico talismán para el cuadro colegial. Tras el derbi, llegó sueño más grande por cumplir, el pasaporte a la Copa del Rey, en el que el Rey Midas de Kentucky contribuyó notablamente, olvidando las dudas del inicio, con 16 puntos. Y, en el último fin de semana, 25 puntos y 28 de valoración para ser, casi recién aterrizado, Jugador de la Jornada en ACB.
 
“Simplemente me sentí muy cómodo en la pista, aún no habéis visto mi mejor versión”, avisa el estadounidense, que se siente como pez en el agua en el Asefa Estudiantes. “Me estoy aclimatando al Asefa Estu, es un buen equipo que puso mucho interés por mí. Y yo quería seguir en la ACB. Mi único objetivo es ganar. Cuando se gana todo el mundo está feliz. Si no ganamos, el que está más triste soy yo”, manifiesta Lofton, que interrumpe la entrevista para hacer mención a sus nuevos seguidores: “Me gustaría aprovechar y darles las gracias por su apoyo en este inicio. Es una afición muy grande, la mejor que he visto en Europa. Y es realmente emocionante poder jugar para ellos”.
 
Lofton, un auténtico fan de Reggie Miller y un enamorado de Internet, confiesa que su sueño actual es convertirse en uno de los mejores escoltas de Europa, sin perder de vista su obsesión de la NBA: “Puedo jugar en esa liga y lo seguiré intentando”. Una promesa más al baúl de aquel niño que desde que probó aquella cancha de cemento con 5 años, jamás dejó de tirar.
 
Aquel que dejó su sello y marca diferencias por donde pasaba (“He’s just a difference-maker”, afirmaba su técnico universitario), protagonista de un guión más propio de producción comercial de Hollywood, mito en Tennessee, ídolo en Turquía y con todo en su mano para triunfar en España. Durante más de un año, conservó con celo su secreto para no perjudicar a nadie ignorando quizá que, el verdadero secreto que explica su historia de superación, es su fe ante cualquier adversidad del camino. Y esos secretos no duelen... enganchan.
 

Daniel Barranquero
ACB.COM

 

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