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12.01.2012       Cambiar tamaño de texto
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Blog: "Un maravilloso quinteto de entreguerras", por Pablo Martínez

El ex jugador colegial Pablo Martínez escribe en su blog "Cartas Deportivas" en Marca.com este bonito artículo en el que, contra todo pesimismo, compara al actual Asefa Estudiantes con el equipo guerrero que peleaba y sobrevivía en Magariños en los 80.

Paco Garrido, entrenador estudiantil en los 80
Paco Garrido, entrenador estudiantil en los 80

Ríos de tinta se escriben sobre Estudiantes. Todo el mundo anda preocupado. El tema está que arde. Es un sin vivir. En fuentes deportivas bien informadas se analiza un mal comienzo de campaña; se desgranan las causas; se agolpan los mensajes -largos y cortos- en torno a un juego que no convence, a un entrenador que parece que se va, pero se queda, y que después sale por donde menos se espera ("me gusta que se hable del Estudiantes, aunque sea bien").

Es que no tienen dinero, se exhibe como recurso, que es el mismo de siempre. Es que no tienen managers, se ha escuchado, o leído, aquí y allá. El baloncesto no puede estar sin el club colegial. Dicen los unos. Este año no nos salvamos, contestan los otros, casi sin darse un respiro.

Entendidas las exageraciones, licencia que uno se permite con su casa, su familia, y por supuesto con el colegio/club de toda la vida, lo cierto es que nos entró la curiosidad de vivir en directo "uno de esos duelos sin prisioneros en la parte baja de la tabla, un domingo cualquiera"; y con hijos, amigos, y conocidos varios -incluso argentinos-, nos propusimos contemplar esa esperada hecatombe entre dos equipos sin futuro en esta nueva liga de la luz. Era el Estudiantes-Manresa, o por decirlo con un lenguaje más adecuado al estilo 'crisis de occidente' que todo lo impregna; era un partido del pasado; un choque sin futuro.

En el descanso, la sensación ciertamente era poco agradable. Y un síntoma, evidente; habíamos hablado mucho con los familiares, y nos habíamos enterado de poco en el parqué. Demasiados errores, comentamos por allí. Escasos aciertos, apuntamos inmediatamente por acá, como hubiera hecho cualquier entendido -y quizá algo redundante- elenco de aficionados viendo el partido con los maduros y exitosos ojos del baloncesto español del siglo XXI. 

Pero cuando se reanudó el encuentro, y sin ser muy conscientes del proceso, de repente nos encontramos instalados en el siglo pasado. Y la historia se llenó de intención y disfrute.

Sabemos, exactamente, el momento en que sucedió. Fue al final del tercer cuarto. Tras un tiempo muerto, Estudiantes salió a pista con el siguiente quinteto: Jayson Granger, de base; Rodrigo de la Fuente y Edu Martínez de aleros, y Carlos Jiménez y Germán Gabriel de pívots. Y el comentario de un sobrevenido familiar, al otro lado de la fila, fue ronco, enfático, directo; ¡joder, sólo falta que Pepu se transforme en Paco Garrido! Y aquello ya no volvió a ser lo mismo. De repente, un Palacio ultra moderno y a mitad de aforo lo empezamos a observar como aquel pequeño Magariños donde estábamos los de siempre, porque no cabían más. Y Jayson se nos iba pareciendo cada vez más a Vicente Gil, con tanto empuje; y Edu era el canterano que había salido un momento por, yo qué sé, quizá por Carlos Montes. Y Rodrigo podía ser el mismo Montes, o mejor todavía, Kepa Segurola, que era mucho más feo...pero tenía bastante mejor tiro, por cierto. Y Jiménez y Germán estaban haciendo de Pedro Rodriguez e Imanol Rementería, porque los americanos, qué sé yo, tendrían problemas de faltas. Y el resto del partido prácticamente lo jugaron ellos, con Edu dejando su puesto a Luis Flores para que hiciera, a nuestros absurdos ojos, de aquel caliente y complejo canadiense apellidado Simms que, en apenas una temporada, ganó más de un partido por su cuenta (aquella más bien defensiva), pero tomando los mismos riesgos que este frío y seguramente todavía más complejo dominicano.

Aquello era un maravilloso quinteto de entreguerras, coño. Nos dijimos... con perdón del respetable.

Fueron tan solo 6 o 7 minutos, y ya ven que ni siquiera hay una excesiva coherencia en los jugadores y sus temporadas; y por supuesto no la hay entre lo que Estudiantes -casi amateur- y el baloncesto -casi profesional- significaban entonces, tan frescos, y lo que ahora impactan y pueden llegar a estropear, tan maduros; pero a veces puede bastar con un tiempo muerto, un cuñado enfático, un señor con barba (ahora blanca) y estilo renacentista; un curioso quinteto, y la venia de los lectores, lógicamente, para transformar un destemplado partido de baloncesto del año 2012, en un entrañable, personal y muy entretenido paseo por los recuerdos.

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