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17.01.2012       Cambiar tamaño de texto
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Jayson Granger. El regalo de Jeff (ACB.com)

Algo ocurrió en una pista de basket uruguaya en 1995 que cambió, para siempre, el destino de Jayson. Talento precoz, físico indomable, Granger repasa con Daniel Barranquero en ACB.com su carrera. Del año y medio en blanco a su boom, de su debut a la decepción y de la sombra al momento más dulce de su vida. Disfrútalo.

(ACBPhoto- J. Marqués)
(ACBPhoto- J. Marqués)

De la Rambla a la Plaza de la Independencia. De la Ciudad Vieja al Mercado del Puerto, y de ahí al Teatro Solís. Sin perderse. Como en casa. Con su 1,95, piel negra, acento americano. De Nueva Jersey a Montevideo, hoy la ciudad con mayor calidad de vida de toda Sudamérica.

Jeff se había hecho un nombre a nivel universitario en su país gracias a sus exhibiciones con East Texas pero el destino le había llevado a Uruguay al final de la década de los 70. ¿Quién le iba a decir que, 12 años más tarde, él defendería los colores de ese país con su selección?

Lejos de la fantasía que llegaba por pantalla desde Norteamérica, en aquel país las crónicas no hablaban de mates con satos de 360 grados hasta que llegó él. Resultaba un jugador especial, uno de esos genios capaces de todo en la cancha que no dejaban indiferente a nadie. Algunas veces salían mejor las cosas, otras peor, descensos incluidos, pero Jeff dejaba huella allá por donde pasó. Aguada, Nacional, Neptuno y Cordón aún le añoran. Con este último equipo, ya muy veterano y cansado de dar tumbos, se despidió dejando dos regalos.

El primero, un momento para la historia del club. Final de liga de 1995. Cordón frente Hebraica y Macabi. 2-2 en la serie. Quinto y definitivo partido. El reloj a cero, dos tiros libres para Cordón y Granger a escena. El indomable, el imprevisible... el intalterable aquel día. Entra el primer lanzamiento. Un bote, dos, el mundo se para en Montevideo. El baloncesto habla uruguayo. La emoción tiene acento yanki. ¡Entra! ¡Cordón gana la Liga! ¡Cordón es campeón! Mirada a la grada. Todos saltan, todos ríen, todos se abrazan. El más joven, un niño de sonrisa hipnotizante que disfruta y aprende con las gestas de su padre. Su nombre, Jayson. Su herencia, su segundo regalo.

LA INFLUENCIA DEL NUEVO JORDAN
El pequeño Jayson iba a todos los partidos de su padre, el más enorme referente en su carrera. "Recuerdo aquel encuentro de los tiros libres porque estaba allí, con solo 6 años". Guiños del destino. Su abuelo, italiano, emigró a Uruguay en los 80 y su hija, la madre de Jayson, enamorada del baloncesto y jugadora, conoció a Jeff en su etapa como jugador. El baloncesto, siempre como excusa. Viene de familia. "Al basket han jugado de manera profesional muchos familiares. Mi padre lo hizo, mi madre también. Mi hermano llegó a competir en Ucrania y República Dominicana, aunque luego le ofrecieron un muy buen trabajo en un banco y lo abandonó. Igualmente mi tío lo hizo, aunque tuvo un tumor y se vio obligado a dejar al baloncesto. Ahora sigue peleando.La mayoría de familia por parte de padre siempre fue muy fanática de este deporte".

"Es como si hubiera nacido con una pelota bajo el brazo", llegó a decir aquel niño que, tras aprender a andar, aprendió a tirar. Era una continuación. A los 7 años, influenciado por el momento mágico vivido por su padre con Cordón, Jaysoncomenzó a practicar el baloncesto en las filas de ese club. No era su única diversión. "Alternaba con el fútbol, aunque ya con 9 años me decanté por el basket porque no tenía tiempo para las dos. Allí seguí con los años estudiando y jugando al baloncesto". Se le daba bien. Se le daba muy bien. Tanto que acabó siendo erigiéndose en la estrella de su club y alcanzó las categorías inferiores de la selección uruguaya, donde su fama creció. "Fui el máximo anotador del Sudamericano Cadete que jugamos en Uruguay". 26,6 puntos por partido y un desparpajo que le hizo ser designado, en 2005, 'Mejor jugador de cantera' del país. Casi nada. Cuando su actual agente le vio, su destino parecía irreversible.

"Me vio y me preguntó si quería probar con el Estu. Fui, lo hice, y me quedé encantado". Era su ilusión y a Jayson no le daba miedo el salto, cambiando de país, de cultura, de amigos y alejándose de los suyos con solo 16 años. No olvidará la fecha en la que arribó a la capital para matricularse en el Ramiro de Maeztu y aterrizó en la Residencia de jugadores estudiantil. "Fue el 13 de marzo de 2006 cuando llegué acá. En Uruguay siempre decía que mi sueño era jugar en Europa y, si podía, en la NBA, pues también. Por suerte me surgió pronto la oportunidad y no me lo pensé ni dos veces. Era complicado dejar familia y amigos atrás, pero era un sueño que pude cumplir".

El uruguayo tenía muy cercano el ejemplo de Panchi Barrera, desquiciado entre trámites y papeleos para jugar, mas confiaba en tener más algo más de fortuna. Todo lo contrario. El Cordón opuso problemas, la FIBA se puso estricta y su transfer de la Federación de su país jamás cruzaba el charco. Meses en blanco, en los que solo podía entrenar con el junior y el EBA, aparecer algún día con "los mayores" del ACB y jugar esporadicamente el circuito Sub20. Paradójicamente, la inactividad fue su mayor acicate. "Estuve año y medio sin jugar, entrenando solo con Angel Goñi. Fue bastante complicado, aunque me dio bastantes fuerzas para que, una vez llegó el transfer, pudiese demostrar que estaba capacitado para jugar en Europa". Y tanto.

Campeonato de España Junior de 2007. 37 puntos frente al Real Madrid como carta de presentación. Espectáculo, potencia física. Poca dirección de juego, sí, pero una madurez en pista y un cuerpo que hacían por momentos que pareciese jugar contra niños. Superioridad, pura superioridad. MVP, con 30,5 puntos y 32 de valoración de promedio, superando a Álex Llorca y el ya entonces mediático Nikola Mirotic. Su juego, la confirmación. Su futuro, la esperanza. Hasta un punto extremo.

"El MARCA me apodó 'El nuevo Jordan del Estudiantes' tras ese buen torneo", comenta hoy entre risas. No era flor de un día. Exhibiciones en el Torneo de L' Hospitalet y hasta en el circuito sub20 (rey de las asistencias), que hacían la bola más y más grande. El boom Granger ya era un hecho y Jayson tendría que mantener los pies en el suelo para no perderse entre tanto elogio. "Resultaba complicado y yo era el primer sorprendido. Tengo una familia que me educó y me dijo que la humildad es lo primero y siempre fui capaz de ser la misma persona tanto con elogios como con críticas. La verdad es que las expectativas nunca fueron un problema para mí".

El base fue llamado por Mariano de Pablos para la pretemporada 2007 y, meses más tarde, después de las lesiones de Gonzalo Martínez y Sergio Sánchez, las puertas del primer equipo se le abrieron. Su debut, 28 segundos en Sevilla, una sencilla anécdota. Lo de la semana siguiente, frente al Joventut, el mejor momento vivido en una pista. Su auténtico estreno. "Era la Penya de Rubio y Fernández. Recuerdo que, al poco de entrar, Rudy voló detrás mía y pensé... bienvenido a la ACB". Sin miedo, anotó una decena de puntos aquel día. En el siguiente choque, sus guarismos ascendieron hasta los 11 puntos, 6 asistencias y 12 de valoración frente al Valladolid. "Suponía la recompensa a tanto tiempo sin jugar. Demostré que podía estar compitiendo contra los grandes y los buenos". Pese a sus brillantes números, Jayson no volvió a jugar en la 2007-08, aunque ahí estaba su debut para seguir soñando. "Los resultados no acompañaron pero, al fin y al cabo, supuso un golpe en la mesa para la temporada siguiente". Había llegado su momento

UNA EXPLOSIÓN POR CAPÍTULOS
Renovado por su club y en un momento muy dulce, Jayson multiplicó la euforia con su siguiente pretemporada, en el verano de 2008, en la que mostró un nivel muy alto que le llevó, incluso, a ser el jugador más comprado en el arranque del SuperManager. Todos confiaban en él. Arrancó muy fuerte, con dos partidos anclado en los 15 de valoración, y pese a la lógica irregularidad por edad, el uruguayo quedó muy contento con su juego: 5,8 puntos por paritdo y 2,6 asistencias, el mejor del equpio en ese terreno. Menos le llenó su segunda campaña, con más bajos que altos -menos minutos, menos confianza, muchos partidos a cero y cifras en descenso, con 3,2 puntos y 1,6 asistencias por encuentro-, recuperando sensaciones en su tercera campaña, la pasada, con 6,4 puntos y 2,4 respectivamente.

"Las tres temporadas han sido muy difererentes entre sí", recuerda. "Aprendí mucho de cada una de ellas. La primera la del verdadero estreno y saqué provecho aquel año. El segundo fue menos bueno para mí: ni jugué muchos minutos ni me encontré cómodo. En el tercer año me tocó asumir roles que no había tenido, pero soy una persona a la que le gusta aceptar retos e intenté responder lo mejor posible".

Jayson entró en la 2011-12 con el pie izquierdo. Negativo en el primer choque, 1/16 en triples en las primeras 5 jornadas y sin mucho acierto en el tiro. Era una cuestión de racha. Su juego fue de menos a más, con un punto de inflexión clave, el derbi frente al Real Madrid. Aquel 11 de diciembre, que facilmente puede marcar su carrera profesional, Granger se disfrazó de héroe para tumbar al máximo rival, con 21 puntos, 6 rebotes, 6 asistencias y 31 de valoración, incluido su inolvidable epílogo. Rebote en ataque, canasta, sentencia, tribuna enloquecida e impulso infinito a su confianza.

Desde entonces, el éxtasis en su baloncesto. Siempre en los dobles dígitos en anotación, un buen día coge 9 rebotes, al otro 8, y al tercero sorpende con 6 triples. "Me entro el primero, luego el segundo, el tercero...", se justificó. Sus números, en los últimos cinco encuentros, se elevan hasta los 17 puntos, 6,8 rebotes, 3,2 asistencias y 21 de valoración. Asumiendo por fin el rol de titular, ya sin Albert Oliver en el equipo, y con más confianza que nunca en sí mismo, el uruguayo no pierde la humildad que le hacía relativizar lo de "Jordan del Estudiantes", para poner los méritos colectivos por delante de los individuales: "Espero que este nivel sea mucho mejor y dure muchos años más. Con Pepu siempre he tenido confianza y ayudaré en lo que pueda, sea anotando, reboteando o asistiendo. Intento sumar en cada faceta de juego y ayudar al equipo. Me encuentro muy cómodo pero lo importante es que el Asefa Estudiantes gane, es lo que realmente necesita".

Top15 de la Liga Endesa en asistencias (10º), recuperaciones (12º), faltas recibidas (14º, solo Llull recibe más entre los bases) y hasta minutos jugados (6º, el que más en su conjunto), el de Montevideo aspira a más, a mucho más. "Tengo solo 22 años y muchísimas cosas por mejorar. Una de ellas el tiro y otra, dirigir al equipo. Son dos cosas claves para un base. Creo que tengo margen de evolución, espero ir aprendiendo cada día del técnico y de los compañeros que juegan a mi lado".

Números a un lado, su principal obsesión tiene nombre y apellidos: Asefa Estudiantes. E ilusiona a su gente. "No empezamos muy bien pero podemos competir contra cualquier rival, como demostramos frente al Real Madrid. No nos vale eso de ganar un partido así y perder los tres siguientes. Este equipo puede aspirar a más de lo que realmente se cree. Yo creo que podemos meternos en Playoff este año". Se moja.


 
LA MADUREZ DEL MAR
Jayson Granger es un jugador tranquilo, amable e increíblemente maduro para su edad. Quizás por ello extrañan aún más sus problemas con la Federación Uruguaya, que cargó contra él y que le alejó, momentáneamente al menos, de sus sueños en albiceleste. "Con el presidente actual Castillo no mantengo buena relación. Hubo malentendidos y mentiras. Tiraron bastante basura sobre mí y me dolió mucho. Uruguay es mi casa y me da pena que mi propio país dijese cosas malas de mí cuando no eran ciertas, y más tras haber defendido sus colores desde los 12 años. Si ellos siguen en la Federación, yo no volveré a jugar en la Selección".

Ni movido por la rabia el base pierde la calma. Equilibrado, pausado, con la serenidad de aquel que encuentra en el mar el edén, del que se enamora de unas olas que Madrid no le ofrece. El único truco de magia que no le sale a una ciudad que le hechiza. Cuando vuelve a su tierra, la playa le espera con manta, tiritando en pleno invierno. "Es un fastidio. Siempre intento escaparme a mi país una o dos semanas para ver a mis amigos en verano, aunque hace bastante frío. Extraño el mar mucho, me crié junto a él y la verdad es que lo echo de menos. Eso sí, en España hay buenas playas y en verano también intento escaparme. Y si no, en Estados Unidos, donde está mi familia... y aprovecho".

Amante del cine y de la música -el fan más mediático de Melendi-, Granger construyó su propio presente y ahora le saca jugo. "Mi tiempo libre lo paso con mi novia. Además, tengo mascotas, dos perros, y me gusta pasear con ellos. Disfruto con las cosas tranquilitas. Mi día a día es entrenar, estar con ella y con mis amigos. Además, me encanta la Play". Y manda un mensaje a navegantes: "El año pasado teníamos la consola en el vestuario y ahora se la adueñó el utillero y no me la quiere devolver. Y te cuento esto para que lo pongas en el artículo y así me la da", comenta entre carcajadas.
Es la sonrisa del niño que se disfrazó de hombre hace ya mucho tiempo, del jugador abierto, tolerante y comprometido con causas sociales que no olvida sus raíces, del amante del baloncesto al que le gustaría entrenar niños cuando cuelgue las botas. Ese día tan lejano. Hasta entonces toca disfrutar de su juego, de su dulce juego. Tocado por un duende, Jayson es algo más que un buen físico para jugar a este deporte. Trabajador de fe, implicado y con un corazón colegial dictador de sus sueños, que van más allá de un Playoff. "El de mi vida ya lo cumplí, viniendo a jugar a Europa. Ahora toca ganar un título ACB". Ambición sin disimulo de aquel al que dos tiros libres históricos, los anotados por su padre hace ya casi 17 años, marcaron su feliz destino. Por encima de cualquier título, él fue el mejor regalo de un Jeff que, dicha la suya, aún es el rey jugando contra veteranos.
Daniel Barranquero
ACB.com
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