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09.03.2012       Cambiar tamaño de texto
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20 años del mágico 92 (4): Las lágrimas de Pedrolo, las flores dementes y el brindis de Alberto

Las lágrimas de Pedro Rodríguez, que había vivido desde el “infierno” del casi descenso de Huesca´83, el brindis maldito de Alberto Herreros “por quien se fue a ganar títulos”, los ramos de flores en el Ramiro o las bendiciones del “Cura” Martín fueron algunas de las imágenes que dejó la celebración de la Copa de Granada hace 20 años.

El brindis de Herreros, en la foto agasajado por la Demencia, pasó a la historia
El brindis de Herreros, en la foto agasajado por la Demencia, pasó a la historia
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El último capítulo de este “miniserial” de los 20 años de la Copa de Granada 92 nos trae lo mejor de todo: las celebraciones. En la propio ciudad nazarí, donde Juan Francisco Moneo hizo llorar de la emoción a un tipo rocoso como Pedro Rodríguez, quien había llegado al Estu el año del “infierno” del casi descenso en Huesca´83; y ahora tocaba el cielo con esta mágica temporada. O donde Alberto Herreros, el “niño bonito” de la afición en aquellos años felices, alzó su copa con un brindis que le perseguirá siempre.

Y por supuesto, en un Ramiro de Maeztu que celebró su “fiesta nacional” con la llegada de los héroes de Granada, a los que se les agasajó con flores y cánticos.
 
Así lo cuenta Alonso de Palencia en las páginas del libro “Club Estudiantes. 60 años de baloncesto” que editó la Fundación Estudiantes en 2008.
 
 
En el transcurso de la cena realizada para honrar a los campeones, el presidente del Club, Juan Francisco Moneo, tuvo palabras de elogio y agradecimiento para con jugadores, técnicos, auxiliares y afición, haciendo una mención especial para con Pedro Rodríguez, en quien personalizó “la lucha y entrega del club. Pedro jamás ha fallado, siempre ha estado allí para ayudar”. Las lágrimas afloraron por el rostro del fornido Pedro Picapiedra, como lo habían hecho en el resto de jugadores nada más terminar el encuentro final.
 
El mejor momento de la cena llegó cuando Alberto Herreros tuvo palabras de recuerdo para un antiguo compañero del equipo: “En estos momentos quiero levantar mi copa y brindar por un compañero que nos dejó a comienzos de esta temporada y se marchó al Real Madrid para ganar títulos. Brindo por José Miguel Antúnez”.
 
La ovación, por supuesto, fue atronadora, pero casi al mismo tiempo cierta maldición en forma de refrán islámico pasó a apoderarse del en aquel momento felicísimo escolta de Estudiantes.
 
En Madrid, el equipo fue recibido en el Ramiro por más de 5.000 aficionados, tras viajar en vuelo charter junto a sus rivales, los hombres delCAI Zaragoza. Ya en Barajas, los dementes que no habían podido viajar a Zaragoza tomaron la zona de llegadas del aeropuerto como el que toma La Bastilla.
 
Cuando los ídolos comenzaron a salir, pasadas las 10:45, la afición estudiantil demostró que su entendimiento con la primera plantilla va más allá del amor a unos colores. Los jugadores, emocionados, se trasladaron en autocar al Magariños para ofrecer la Copa a su joven hinchada, formada por el grueso de los alumnos del Instituto Ramiro de Maeztu, que había suspendido las clases.
 
En la espera, la Demencia arrasó la fuente de la plaza de República Argentina con baños, cánticos y mucho ruido, al tiempo que cortó el tráfico en la calle Serrano. El propio Winslow se puso un turbante en la cabeza, para gozo del sector más apasionado de la Demencia.
 
El presidente Juan Francisco Moneo dijo: “Es emocionante y maravilloso ganar un título, pero es más impresionante el recibimiento que nos habéis dado” Y dedicó el triunfo a todos los que habían forjado la historia del Ramiro de Maeztu.
 
Entre los ramos de flores, los cánticos y la apoteosis, el director del centro, Paco Soret, incitó a los dementes, que explotaron definitivamente: “¡Estudiantes a Estambul, chin, pun!”, “¡Vikingos, la Copa, se mira y no se toca!”, “¡Qué demasiao, qué demasiao, que todos los dementes nos hemos juntao!” y, por encima de todos ellos, uno: “¡Cura, mocetón, bendice a la afición!”
 
 Por supuesto, Martín se prestó a la broma y movió sabia y religiosamente las manos para impartir perdón y paz a la misma afición que le idolatraba en aquel momento, como gran constructor del equipo. El Cura salió a hombros y por la puerta grande del Magariños. Al bajarse de sus captores bendecidos, dijo que deseaba dedicar el triunfo a quien había sido su maestro y que había muerto pocos meses antes: Ignacio Pinedo.
 
Jose María Álvarez del Manzano y Joaquín Leguina, alcalde y presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, respectivamente, recibieron a todos los componentes del club estudiantil. El primer anfitrión fue el alcalde, quien rindió homenaje al club colegial en los locales del Ayuntamiento, siendo unas horas más tarde el presidente de la CAM quien felicitó y entregó una placa conmemorativa del acto a John Pinone.
 
Dos días antes el equipo había ofrecido la Copa a su patrocinador, Caja Postal. Pero los fastos oficiales jamás podrían igualar a aquel sentimiento de felicidad vivido en el Magariños por una afición poco acostumbrada a estos momentos. Estudiantes había escrito una de las páginas más gloriosas de su historia.
 
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