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08.05.2012       Cambiar tamaño de texto
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20 años del mágico 92: ¿Los mejores play-offs de la historia de la ACB?

Hoy 8 de mayo se cumplen 20 años del final de una de las mejores series de playoffs de la historia de la ACB. La que enfrentó, por enésima vez ese año, a Estudiantes y Joventut. Una eliminatoria que se decidió en el quinto partido, y en al que brillaron mitos de este deporte como Pinone, Villacampa, Herreros… o Pedro Rodríguez.

El público de Badalona ovacionó al eliminado Estudiantes tras una eliminatoria impresionante
El público de Badalona ovacionó al eliminado Estudiantes tras una eliminatoria impresionante

Hoy se cumplen 20 años del final de la temporada más gloriosa de la historia de Estudiantes, la 1991-92, tras perder el quinto partido en el Olimpic de Badalona contra el Joventut. Una temporada, aquella de hace dos décadas, en la se acabó con la con la satisfacción del buen trabajo realizado, pero la sensación de que se podía haber hecho un poco más.

La eliminatoria de playoffs contra el Joventut fue vibrante, entre dos equipos que se conocían perfectamente y que estaban escribiendo algunas de las mejores páginas de su historia.
 
Así contaba Alonso de Palencia en el libro “Club Estudiantes. 60 años de baloncesto” esta eliminatoria épica.
 
 
A Estudiantes todavía le quedaba luchar para llegar lo más arriba posible en la ACB. Y el primer escollo que debían salvar era el Elosúa León de Gustavo Aranzana, que de la mano de los dos Xavis, Crespo y Fernández, más Alberto Angulo, Reggie Johnson y Raymond Brown, había constituido una de las sorpresas agradables de la temporada, con un juego sencillo y alegre, a la par que duro en defensa. Además, el primer encuentro de una eliminatoria al mejor de tres se iba a disputar en la cancha de los aceiteros.
 
Y en la milenaria capital leonesa, los amarillos tuvieron a Estudiantes contra las cuerdas, mostrando que una semana más tarde los de Martín aún acusaban el varapalo de Estambul. Tuvieron que ser Winslow (25 puntos y 10 rebotes) y Herreros (29 puntos, con 5 de 9 en triples) quienes salvasen la situación, ayudados por las prisas de los locales, que se desquiciaron en la segunda parte cuando todo pintaba a su favor. Al final, 77-96 y un buen susto en el cuerpo, pese a la abultada ventaja que mostró el electrónico.
 
El segundo de la serie en el Palacio fue más de lo mismo en ambos sentidos: Ferrán Heras pudo con los bases colegiales e impuso el ritmo que más convenía a los de Aranzana, así que los leoneses, con un espléndido Reggie Johnson, mandaron mucho tiempo en el marcador, ante el desconcierto de la parroquia local.
 
Pero de nuevo surgió un Herreros con unos números para enmarcar: 35 puntos, 11 de 12 en tiros de dos, 3 de 4 triples, 4 de 6 libres, 3 rebotes, 4 asistencias y 7 faltas recibidas. Gracias al increíble talento anotador del escolta madrileño, Estudiantes no sólo ganó el partido (78-74), sino que salvó una eliminatoria que tuvo perdida durante muchos de los ochenta minutos que duró.
 
El rival en semifinales… ¿no lo adivinan? ¡Pues claro: el Joventut de Badalona! Después de dos encuentros en la fase previa de la ACB, de otros dos en la fase previa de la Liga Europea, de la semifinal en la Copa del Rey y de la semifinal en la Final a Cuatro de Estambul (con balance 4-2 a favor de la Penya), verdinegros y colegiales se iban a ver de nuevo las caras en un play-off semifinal de la ACB que se antojaba largo, muy largo.
 
En la rueda de prensa previa al primer partido, Nacho Azofra y Tomás Jofresa bromearon sobre el asunto: “A Tomy le tengo ya muy visto”, dijo el madrileño, a lo que respondió el catalán: “En algunos momentos de este año, he visto más veces seguidas a Nacho que a mi novia”.
 
Una de las cosas más destacadas de aquellos enfrentamientos fue que los protagonistas de tantos choques, pese a la fiereza de las batallas, tenían una deportiva y excelente relación fuera de la cancha, muy sanamente y tal como debe ser en el deporte por mucho que haya en juego. En resumen, como los dos equipos se conocían a la perfección, apenas iba a haber variantes tácticas de importancia en unos encuentros que se preveían como una lucha sin cuartel. Tal vez la única variación era la presencia de Mike Smith.
 
El jugador americano se había nacionalizado español, pero un tremendo error burocrático de la directiva badalonesa no permitió alinearlo como tal durante esta campaña; sin embargo, Sáinz prefirió dar de baja a Pressley durante los play-offs para dar entrada a Smith, tal vez pensando que sus características físicas y el estar más fresco que sus compañeros ayudarían al equipo más que el veterano y lastrado Pressley.
 
El primer encuentro se disputó en Badalona el viernes 1 de mayo, y en él Estudiantes golpeó primero al hacerse con la victoria por 75-81. Los dos equipos no se anduvieron con rositas, así que el partido fue muy brusco y trabado: Winslow, Herreros y Orenga se ganaron varias faltas intencionadas y técnicas.
 
Curiosamente, el equipo que más y mejor trabajaba estos detalles de picardía era quien se iba en el marcador; le ocurrió a la Penya en la primera parte (39-30 al descanso) y le ocurrió a Estudiantes en la reanudación, dirigido por un magistral Nacho Azofra (18 puntos, 9 asistencias) y con Herreros (25 puntos) de letal estilete.
 
Al Joventut se le atragantó una zona 1-3-1 dispuesta por Martín que habían solventado bien en compromisos anteriores. Pero ya se sabe que los play-offs son otra historia.
 
El segundo encuentro fue clave en el desarrollo de la eliminatoria. La Penya necesitó cincuenta minutos para equilibrar la balanza con un apretado 95-93. Estudiantes tuvo el 2-0 en la mano, pero se le escapó. El equipo se asustó un poco en el momento decisivo. Con 75-77, 20 segundos por delante y posesión de balón, Winslow se botó la pelota en el pie y Mike Smith forzó la primera prórroga.
 
En ella volvió a pasar de todo, pero sobre todo una jugada desgraciada para ambos conjuntos que, naturalmente, sólo pudo acabar bien para uno. En primer lugar, las plañideras fueron para el Joventut: con 85-84 para los de casa, Villacampa cometió la torpeza de hacer personal cuando Pedro Rodríguez lanzaba un desesperado triple a punto de agotar la posesión.
 
Pero al bueno de Pedrolo nunca se le dio demasiado bien la línea de personal, así que tan solo pudo anotar uno. En la segunda prórroga, tan emocionante como extraordinaria, un Estudiantes sin Orenga ni Pinone, con Azofra acertado en la dirección pero romo en ataque (10 asistencias y 7 rebotes, pero solo dos canastas), y con seis puntos en contra, volvió a mostrar que la genialidad y el orgullo van adheridos a la piel de los jugadores que lucen su camiseta.
 
Primero, Winslow (27 puntos y 15 rebotes) metió un triple estratosférico. En el ataque del Joventut, Rodríguez robó el balón y Herreros volvió a acertar desde más allá de 6’25 seis segundos más tarde que el tejano y elevó su cuenta particular a 33 puntos. Una Penya nerviosísima volvió a perder el balón, lo que daba a Estudiantes la posibilidad de acabar la faena y poner en la eliminatoria un 0-2 prácticamente irrecuperable para los verdinegros.
 
Pero la mala suerte se cebó con el de Fuencarral: un mal pase suyo acabó en una cómoda bandeja de Tomás Jofresa, que elevó el definitivo 95-93 a pase de… Pizarro. Sí, lo han leído bien. ¿Qué no les suena como jugador verdinegro? No: era el colegiado, en el que tropezó (sin ninguna intención, que quede claro) aquel mal pase de Herreros antes de que el menor de la saga Jofresa equilibrase el marcador global. Estudiantes había perdido una oportunidad de oro.
 
La batalla se trasladó a Madrid, donde los aficionados colegiales dejaron pequeño el Palacio de los Deportes durante los dos encuentros. La oportunidad era clarísima: había que ganar en casa y certificar el pase a la final, pues se preveía que disputar un quinto encuentro en Badalona era demasiado arriesgado.
 
Sin embargo, en el tercer encuentro de la serie, tal como ya sucediera en el Abdi Ipekçi, los nervios y la responsabilidad jugaron una mala pasada a Estudiantes. Winslow y Pinone se vieron una y otra vez superados por Mike Smith y Thompson. Herreros comenzó bien pero acabó diluyéndose, mientras que Azofra seguía sin recuperar la brújula.
 
Sólo el bravo Aísa (15 puntos, con 4 de 5 en triples) y el siempre firme Orenga (11 puntos y 14 rebotes) parecieron insuflar ánimos a los locales, pero Mike Smith (22 puntos y 6 rebotes) no sólo superó con claridad a Winslow, sino que fue el verdugo colegial: 68-73, y los verdinegros, que por juego no lo habían merecido, se ponían por delante en la serie con 2-1.
 
El cuarto encuentro fue de los que marcan una época. Tanto que quedará para siempre marcado en la retina y en la memoria de los 12 500 espectadores que llenaban el Palacio de los Deportes. Conscientes ambos conjuntos de que había llegado la hora de la verdad, todos los protagonistas lucharon hasta la extenuación y ofrecieron lo mejor de sí mismos.
 
De entrada, Miguel Ángel Martín abandonó definitivamente la defensa zonal y dispuso a sus jugadores en individual. En los primeros 20 minutos asombró la portentosa actuación de Jordi Villacampa (20 puntos), que contribuía sobremanera a que su equipo no perdiera comba en el marcador.
 
Thompson y Pinone se marcaban de forma tan fiera que a veces parecía verdad aquel tópico de echar chispas. Herreros (20 puntos) y Aísa (5, 2 asistencias y mucha actividad defensiva) intentaban equilibrar la aportación de Villacampa, mientras que la batalla entre los bases era de una intensidad tal que el que entraba por cualquiera de los dos equipos lo hacía mejor que el anterior, y así sucesivamente.
 
En el minuto 8 de la segunda parte Villacampa cometió su cuarta falta y fue sustituido por Pardo. Smith tuvo que multiplicarse en las ayudas ofensivas y eso lo aprovechó Ricky Winslow para comenzar a volar. El americano colegial se fue a 26 puntos y añadió 10 rebotes y dos asistencias a su hoja de servicios.
 
Pero es que además 18 de esos 26 puntos llegaron hacia abajo: nueve mates, a cual más espectacular, realizó Winslow en la segunda parte, muchos de ellos aprovechando los pases de Azofra (7 asistencias). Aun así, los verdinegros no se dieron por vencidos y con un nuevo empujón de Juanan Morales y Mike Smith se pusieron tan sólo a dos puntos a falta de tres minutos.
 
En esos momentos surgieron dos jugadores que personifican las dos características esenciales de Estudiantes en los malos de ellos. El primero de ellos fue Nacho Azofra, que anotó un increíble lanzamiento de tres puntos al límite de la posesión, desde siete metros, a la media vuelta y con dos defensores encima: el tiro que todos los que alguna vez han jugado al baloncesto sueñan con encestar.
 
Al talento puro de Nacho se le unió el esfuerzo de Pedro Rodríguez, el rey de los intangibles. Si echan ustedes un vistazo a la estadística de Pedrolo aquel día, encontrarán únicamente dos rebotes ofensivos y tres faltas cometidas en doce minutos de juego.
 
Lo que no sale en la estadística son su lucha y su brega: ese par de ocasiones en que rozó con las yemas de los dedos un rebote que finalmente fue a parar a manos del Estu, esas dos o tres veces en que su perfecta colocación defensiva supuso el fallo del rival, los dos momentos en que se tiró en plancha para devolver al terreno de juego una bola que parecía perdida para la causa ramireña.
 
Cuando, cumplido su trabajo de proteger a los postes titulares de la eliminación, Martín se decidió a sentarlo, Pedro Picapiedra recibió una ovación de gala, con todo el Palacio de los Deportes puesto en pie coreando su famoso grito de guerra: “¡Dale, Pedro, dale, Pedro, eh, eh!”
 
Esta vez no hubo nervios y los colegiales supieron administrar la renta para poner el 2-2 en la eliminatoria, venciendo por 89-79.
 
Nueve días más tarde de comenzar el playoff, y tras ocho partidos disputados en todo el año a cual más intenso, Joventut y Estudiantes iban a dirimir qué equipo disputaría la final de la ACB al vencedor de la otra semifinal, Real Madrid- Taugrés, en la que los aficionados vitorianos también animaban a su pívot Ramón Rivas al cántico de “¡Dale, Ramón!”, pero con insanas intenciones hacia el jugador madridista Cargol.
 
En Badalona ya se trataba de vencer o morir, y a tal objetivo se encaminaron los dos conjuntos. De salida, Herreros asumió la responsabilidad defensiva y realizó un marcaje a Villacampa impecable: el de Reus anotaría tan solo una canasta y fallaría once de sus doce tiros de campo. Pinone y Orenga sumaban puntos con cierta fluidez, lo que conllevó que los de Martín se fueran con una ligera ventaja al descanso (39-42). En la segunda parte, con Villacampa sin conseguir entrar en el partido, Mike Smith y Corny Thompson sostuvieron a los verdinegros.
 
Estudiantes pasó a defender en zona en un intento de proteger a Winslow, que había cometido su cuarta falta con 12 minutos todavía por disputarse, y por ahí se escapó el Joventut: 74-64, con triples de los hermanos Jofresa y Smith. Estudiantes decidió morir con las botas puestas y llegó a acercarse hasta 74- 70, pero en los últimos dos minutos los de casa sentenciaron con un parcial de 9-4 para el definitivo 83-75.
 
El Joventut, que acabaría ganando al Real Madrid su segundo título de Liga consecutivo, había acabado con el sueño estudiantil de redondear una excelente temporada llegando a la tercera final de las tres competiciones disputadas. No pudo ser, pero desde luego, la campaña había sido para recordar.
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