Cuando Aíto García Reneses sufrió el ataque de licantropía de Vicente Ramos

Aíto García Reneses, técnico de nuestro próximo rival Cajasol, es un viejo conocido de esta casa. Y entre las cientos de anécdotas que podrían contarse sobre “Don Alejandro”, rescatamos esta que escribió uno de sus compañeros de generación, Vicente Ramos. Siendo juveniles, el bueno de Aíto tuvo que sufrir… ¡un ataque de licantropía del base!

Cuando Aíto García Reneses sufrió el ataque de licantropía de Vicente Ramos

Fue al límite de la Temporada 63-64. El Juvenil A de aquel año celebraba en Zaragoza la final de la competición española de esa categoría frente al Real Madrid. Íbamos perdiendo faltando pocos minutos, pero como algunos estudiosos en esta materia saben, Emilio Segura comenzó a robar balones en defensa tirándose en plancha a los pies de su defendido y remontamos un resultado adverso que nos dio el Campeonato de ese año.

La alegría se prolongó para algunos de los que formábamos aquel equipo, pues fuimos invitados a formar parte del Equipo de Liga para disputar la Copa por entonces llamada del generalísimo en Lugo.

Pero hay algunos aspectos extradeportivos que me gustaría relataros para que os deis cuenta de la intensidad con que vivíamos aquellos tiempos, que no se han borrado de la cabeza de quienes participamos. Nos entrenaba Paco Hernández y formábamos parte del equipo Aito, Emilio Segura, M.A. Bufalá, Juan Rosas, Rafa Rebollo, nuestro querido José Ignacio Frade, M.A. Ibáñez … y yo, que me encontraba el día anterior con una fiebre elevada. Paco me mandó a la cama, me cubrió con dos mantas y me ordenó que me pusiera un supositorio de antipirético.

El doctor Bufalá, a la sazón ya muy enfocado vocacionalmente, fue requerido por mi para que me ayudara a ponerme el supositorio, a lo que se negó rotundamente aduciendo que no quería formar parte de una habituación, que en aquellos momentos no estaba muy bien vista.

La cuestión es que al día siguiente remitió la fiebre y pude formar parte de aquel éxito deportivo. Pero Aito hubo de sufrir mi emocionado final y a veces ambos recordamos mi hasta entonces desconocida licantropía.

Y ocurrió que cuando todos nos abrazábamos en el campo festejando la victoria, Aito recibió un bocado en el cuello que le dejó marcados mis dientes. Tal fue mi emoción, alegría y pérdida de control al final de aquel partido. La marca le duró sólo poco tiempo, pero el recuerdo de aquella final y sus anécdotas no se nos han borrado a ninguno de nosotros.

Vicente Ramos

Vicente Ramos y Aíto llegaron juntos al primer equipo de Estudiantes