Valladolid, uno de nuestros viajes favoritos

Valladolid es, desde los años 80, uno de los viajes favoritos de la afición estudiantil. Quedará claro este sábado cuando medio millar de colegiales se planten en Pisuerga. Pucela fue de las primeras plazas en “sufrir” a la Demencia, y cuando el partido ha sido importante como es este sábado, ha habido en la capital castellana casi un millar de hinchas colegiales o el club ha fletado trenes.

Valladolid, uno de nuestros viajes favoritos

Este sábado, entre el tren que organiza el club, los tres autobuses de la Demencia y los que van por su cuenta en coche en las gradas del Polideportivo Pisuerga seremos medio millar de aficionados de Tuenti Móvil Estudiantes. 

Es algo habitual últimamente “invadir” Valladolid. El año pasado se desplazaron 250 hinchas, pero hace dos llegamos hasta 800 aficionados, entre semana, para animar al equipo en un vital partido por la permanencia: victoria abultada y el equipo seguía con esperanzas.

Un pabellón, el Pisuerga, y una ciudad, Valladolid, que conocen bien lo que es recibir a la “marea estudiantil”, ya que por cercanía son de los destinos favoritos de la hinchada colegial.   Ya en los años 80, en los inicios de la Demencia, Valladolid fue de los primeros viajes que el instituto Ramiro de Maeztu permitió hacer a los alumnos para animar a su Estu, que se jugaba ser campeón de Liga. Autobuses vetustos, chatos de vino y profesores vigilando.   Miembros veteranos de la Demencia lo definen muy gráficamente. “El viaje a Valladolid suele ser el que “desvirga” en esto a la gente más joven. Es una ciudad que está cerca y eso hace que los padres suelan animarse a darles permiso”.   Son millones las anécdotas que puede haber de desplazamientos estudiantiles a la capital castellana. Muchas seguramente ni se puedan contar.   Desde el cartel del autobús 129 (¿¿??) acompañando a los expedicionarios, al que se plantó en Pucela en Vespa, pasando por seis autobuses atrapados en uno de los mayores atascos de la historia de España ¡8 horas para llegar!   O la extraña novedad que fue, como se cuenta en el libro “Club Estudiantes. 60 años de baloncesto” el tifo demente: “a base de tirar papelitos para recibir al equipo o para festejar las canastas de sus jugadores, fue una novedad portentosa en la capital pucelana, de la que se maravillaron los asistentes y que mencionaron destacadamente los periodistas que cubrieron el evento”.   O el inolvidable “tren de la ilusión” que, como el de hace dos años o el de este mismo sábado, ha fletado el club para facilitar que la afición apoye al equipo en un partido tan importante. Fue en 2008, acabó con “la canasta de Pancho” (y mira que Pancho metió canastas) y aquello se vivió… así.  

O la locura de esos 800 aficionados que, al grito de “que no bajamos”, daban la última esperanza a un equipo que sobre todo necesitaba eso: confianza en sí mismo. Se refleja muy bien en la parte final del documental “Informe Robinson”.