Un equipo con final feliz

14 junio 2019

El entrenador del filial de Movistar Estudiantes, Javier Zamora, reflexiona en voz alta sobre un ciclo que acaba y sobre un equipo “de todos”, que ha puesto el “nosotros” por encima del “yo” y que además ha tenido “su final feliz”. Sobran las palabras y los comentarios porque Zamora lo dice todo.

Un equipo con final feliz

Dicen que casi siempre los cuentos tienen un final feliz. Los equipos, sin embargo, a veces no lo tienen. El baloncesto muchas veces solo premia a uno, y en innumerables ocasiones los miembros de un equipo hemos tenido la sensación de haber conectado al cien por ciento los unos con los otros; de haber respetado el baloncesto; de haber puesto todos el “nosotros” por encima del “yo”; de haber luchado y habernos sacrificado unos por otros; de haber tocado una excelsa melodía y, sin embargo, habernos “quedado en la orilla”.

Es entonces cuando se escapan frases como “lo hemos dado todo”, “no se puede hacer más”, “hemos llegado hasta donde hemos podido”… y los entrenadores nos quedamos con esa sensación agridulce en la que conseguimos solo una parte del objetivo que nos marcamos el primer día, ser un equipo.

Estos equipos suelen caer en el olvido de la gente y permanecer para siempre en el corazón de los que pertenecieron a él. Pero qué inexplicable y bonito es cuando además se junta esa mágica sensación con un buen resultado. Y este equipo filial, cuya base es la Generación del 2000, es uno de esos equipos inexplicables y bonitos.

Y además, ha tenido un final feliz, su final feliz. Y digo final porque creo que se ha cumplido un ciclo en el que el cuento se acaba y empieza la verdadera historia. Ahora será más difícil para cada uno de nosotros, pero también necesario. Y que grandioso ha sido “el baile de fin de curso”.

Este equipo es de todos. Es de Pablo Borrás, Iván Recio y José Domingo, que empezaron con la formación de esta Generación y las próximas a ella. Este equipo es de Jorge Manzano, Joaquín Asensio, Javier Lombardía, Borja González, Gorka González, Alain, Jorge y todos los entrenadores ayudantes que encabezaban estos últimos y que en algún momento han coincidido con ellos.

Es de los jugadores que han estado con ellos y que ya no están, que han participado activamente en su formación y les han acompañado en el camino. De su Generación y de las próximas a ella.  Desde los más veteranos como Sergio Sánchez, David Sainsbury o Juan Llorente a los más jóvenes como Echeita o Moldovan.

Es del profe Dani, que ha hecho que todos puedan decir que además de dedicarle tantas horas a su deporte favorito, estudian y bastante bien. Es de todos los preparadores físicos, médicos y fisios que tantas horas les han dedicado. Es de sus padres, familiares y entorno, que tantas horas y sacrificios han hecho por verles disfrutar. De los que marcan las directrices, que nos han dado herramientas y han confiado en este grupo siempre.

Y lo que creo que es más importante, de todos aquellos que los han visto jugar y disfrutar del esfuerzo cada segundo sin pedir nada a cambio. Como si el sacrificio por el equipo fuera en el ADN de cada integrante del mismo.

Han competido siempre humildes, honestos, y en cierto modo, con esa ingenuidad que nos gustaría que nunca se perdiera en ellos. O mejor dicho, que no se la hagamos perder. Ni esa agresividad inocente. Han demostrado que ser duros no es incompatible con ser exquisitamente deportivos.

Lo que pienso de cada uno de ellos lo dejo para nuestra intimidad, la del equipo. Esa donde hemos reído, llorado, sufrido, gozado y en la que siempre pudimos mirarnos todos a los ojos y explicarnos cómo nos sentíamos. En la que entendimos que todos somos distintos. Que no todos tenemos el mismo talento ni las mismas cualidades, pero que lo innegociable es el trabajo y el esfuerzo. En ese vestuario donde nos prometimos que este equipo nos acompañaría para siempre.

Y en ese camino, todo lo que consigamos a partir de ahora en una pista como individuos será en parte gracias a los otros. Nos alegraremos de cada éxito y lloraremos cada fracaso del otro como si fuera nuestro. Porque no todos tendremos el mismo camino ni alcanzaremos todas nuestras metas. Pero eso nunca nos importó, no era condición indispensable para estar siempre juntos. Eso sí, si uno caía los demás le levantaban, siempre y sin excusas.

No todo han sido éxitos y celebraciones. Este equipo se ha caído muchas veces. Tantas que llegamos en cierto modo a disfrutar también cada vez que sucedía.

Solo puedo daros las GRACIAS. Lo primero, por aguantarme. A vosotros y a vuestras familias y entorno. Os vuelvo a repetir que representáis todo lo que querría aspirar a ser y que la verdadera victoria para mí es haber compartido este camino junto a vosotros. Por eso y por muchas razones más que solo nosotros sabemos, GRACIAS.

No renunciéis nunca a vuestra identidad y que la fuerza llene vuestros corazones. Seguro que el baloncesto nos tiene preparado algo en el futuro, esto solo acaba de empezar.

GRACIAS a los me han dado la oportunidad de entrenaros. GRACIAS a Estudiantes y GRACIAS a ti, Rosa, que has sido un pilar importantísimo para todos y que has estado siempre de manera profesional y lo más importante, de manera personal e incondicional. Este equipo es tuyo también. GRACIAS a los que habéis trabajado a mi lado, sabéis quienes sois y que estaré en deuda con vosotros siempre. Siento si en algún momento os he podido fallar a alguno de los que he nombrado o de los que seguramente me haya olvidado. Todo lo que hice fue pensando siempre que era lo mejor para el bien común.

A lo mejor alguien piensa que esto es demasiado profundo para un equipo que simplemente ha estado cuatro años trabajando a diario en una estructura de cantera. Es una manera intensa de dar las GRACIAS, una manera intensa de JUGAR, de VIVIR y de SEGUIR ADELANTE.

HASTA SIEMPRE EQUIPO. FIGHT FOR GLORY.

 

Javier Zamora.
Entrenador del filial de Liga EBA que consiguió este año el ascenso a LEB Plata, y entrenador asistente del equipo de Liga Endesa.